testimonios #19Sept

Que quede huella de nuestras palabras, que quede

huella de nuestro sentir …

Ayer estuve seis horas ayudando en la zona cero de Escocia, en la Del Valle. Me quedé en casa de mis papás y me levanté a las 6:30am, mi mamá me hizo de desayunar mientras me alistaba y me enfilé hacía Heriberto Frías, donde convocan a los voluntarios. Nos explicaron que las mujeres pasamos cubetas vacías al Ejército, quienes las llenan de cascajo y las regresan a las 2 filas de hombres que están formados detrás de nosotras, replegados en las paredes. Las varillas, vidrios, muebles, boiler y objetos más peligrosos son movidos por el ejército. Conocen la inexperiencia de la mayoría de los voluntarios y no nos arriesgan. Para entrar nos dan equipo -casco, guantes, chaleco y tapabocas- escriben tu nombre, un número de contacto y tipo de sangre en el brazo con plumón indeleble y te vacunan contra el tétanos. Entramos a la zona cero en silencio, con el celular apagado y rápidamente nos ponen a trabajar. (Previo tuvimos el susto del temblor, nos replegamos y tardamos 45 min más en entrar mientras Protección Civil verificaba que era seguro nuestro ingreso). Mis ojos no dan crédito a lo que veo: nunca había visto un edificio caído y es impresionante como una estructura tan robusta y sólida es ahora una montaña de cascajo y recuerdos. La línea de vida -como la conocen- comienza y uno deja de pensar para ponerse a trabajar. Mientras uno está activo continuamente ofrecen agua, electrolitos, dulces, tamales y huevos duros, donado por la sociedad. Los voluntarios preferimos no comer, solo agarramos dulces para dejarles la comida al ejército e ingenieros. También pasan voluntarios médicos para saber si te sientes bien, colocan gotas en los ojos y sacan a quienes ven más cansados de lo normal. Pasar cubetas (botes de pintura) parece sencillo, pero después de una hora sientes ampollas en las manos y calambres en los hombros. Te das cuenta que no eres la única cansada cuando las cubetas empiezan a caerse de las manos de las demás. Algunos gritan que hay que tener cuidado, que pueden romperse. Los hombres nos alientan y nos dicen que hacemos un gran trabajo. Mientras te concentras en no retrasar la actividad ves pasar pedazos de la vida de alguien más: zapatos, fotos, sillas, ropa, edredones, cuadros. Objetos que seguramente se obtuvieron con esfuerzo y dedicación, y ahora son nada. Llamó mi atención una carretilla (tirada en su mayoría por albañiles, quienes sacan escombros más grandes) con un juego de copas nuevo, aun envuelto. Conforme las mujeres dimiten nos recorremos y me acerco a la zona cero. Veo un auto en los escombros del estacionamiento: es un Sentra rojo y está intacto. Sin embargo, la entrada está detenida con polines por lo que probablemente no saldrá completo. Nadie toma selfies ni trae música, tampoco hablan, bromean o flojean. El respeto es tangible, es una zona de luto. Un día antes sacaron un pug y un gato, por lo que existe la posibilidad de que haya vida entre los escombros. Nuestra eficiencia puede ser la diferencia entre la vida y la muerte de alguien más. El Ejército, la Marina y los ingenieros trabajan incansablemente. Hay una grúa que con precisión milimétrica mueve las paredes señaladas para continuar con la búsqueda; cuando lo hace el silencio es absoluto. Tiene una bandera de México en la punta y cuando se mueve ésta hondea -el corazón se hincha. Los militares se colocan enfrente de nosotras para protegernos. Una vez que la pared está en el suelo toman sus picos y la deshacen en minutos. Empieza de nuevo: pasar rápidamente las cubetas para sacar el escombro lo antes posible, las cubetas regresan con los hombres, las carretillas van y vienen, el ejército sale con material riesgoso. La garganta pica, los ojos molestan, el corazón duele, el alma se engrandece al ver el esfuerzo de todos por ayudar desinteresadamente al otro. Llega el equipo chileno para ayudar y suben a evaluar los escombros. La actividad continua hora tras hora. Te habitúas a tus compañeras, sabes que la de la izquierda es rápida pero la de la derecha es despistada, por la que continuamente le ayudo para no retrasarnos. Debajo del caso y tapabocas es difícil saber su edad pero son mucho más jóvenes que yo, la mayoría de los voluntarios lo son. Después de un tiempo pasa un ingeniero y nos pregunta a que hr entramos: a las 8:30am. Nos dice que debe sacarnos, algunas aceptan pero mi compañera de la izquierda y yo le comentamos que aguantamos un par de horas más. Nos comentan que son casi las 3 -no puedo creerlo- y que nos deben relevar para evitar un incidente. Detienen la línea de vida y anuncian que saldrá un convoy con 15 mujeres. Dejamos las cubetas y nos enfilamos sobre Escocia rumbo a Eugenia. Mientras lo hacemos la gente deja lo que tiene en las manos, se quita los guantes y comienza a aplaudirnos: los voluntarios, los paramédicos, los ingenieros, los albañiles. Una persona del ejército grita: ¡vivan las mujeres mexicanas valientes! Y así, entre aplausos y gritos, con la vista en el suelo y aguantándome las lágrimas salgo de la zona cero. Damos vuelta hacia Eugenia, entregó el equipo y la gente me ofrece fruta, comida y agua mientras me felicitan. Les doy las gracias y sigo de largo. Mientras camino me doy cuenta que voy sola -no sé dónde están las demás, pero me hubiera gustado despedirme de ellas- me duele todo, tengo mucha hambre, me arde la cara y me siento mareada. Un voluntario se da cuenta y me detiene, me llevan a un control donde me dan un plátano y un refresco.. Me espero unos minutos y salgo de la zona acordonada donde los relevos y la policía me aplauden nuevamente. Nunca he recibido tanta atención así que sólo sonrío -la fama no es lo mío. Respiré agradecida, me peiné el cabello tieso, sacudí un poco mi pantalón y continué caminando sobre Gabriel Mancera, pensando en todo lo que acababa de vivir, orgullosa de mi trabajo y sobre todo, de no haber llorado enfrente de los demás. Eso termino cuando vi a mi mamá esperándome afuera del primer retén, entre los camiones de volteo listos para entrar a sacar más escombro.
Somos muy afortunados de tenerlo todo y lo menos que podemos hacer es ayudar a quienes están pasando tiempos difíciles. Esta foto me la tomó Maria Eugenia Romero infraganti al llegar a su casa, para que nunca olvidé lo que aprendí y sentí en ese día… no lo haré.

Al Barreiro


Es hermosa la solidaridad que he visto surgir esta semana, la capacidad de organización inmediata, en segundos, la comunidad de la que tanto teorizábamos se hizo carne y brazos y manos. Nacimos todos como pueblo al margen de un Estado paralizado, que hoy, 7 días después, aún depende de nosotros para conseguir un rotomartillo. Ha sido hermoso pero también peligrosamente embriagante, porque así es el amor y estos días también nuestros muros, nuestras corazas internas han caído y el amor se nos ha desbordado de entre las grietas. Pero tengamos cuidado, que nuestro amor por el prójimo que nunca había sido tan prójimo como ahora no nos obnubile, que no olvidemos que lxs muertxs, nuestrxs muertxs, de todos los que removimos piedras y alimentamos a quienes removían las piedras, son víctimas de la corrupción, la voracidad y la negligencia. Nuestrxs muertxs pagaron 2 millones de pesos por departamentos con muros de unicel, nuestras muertas eran explotadas en una textilera donde ganaban 638 pesos a la semana, nuestrxs muertxs estaban aprendiendo la sílaba tónica y la sílaba átona en una escuela que era una ratonera, nuestras muertas limpiaban casas por menos del salario mínimo, nuestrxs muertxs aún yacen bajo los escombros porque no hemos conseguido las herramientas para sacarlos, nuestrxs muertxs permanecen sobre una plancha helada sin que nadie les bese los ojos y los unja porque sus familias siguen sin ser notificadas. Dejémonos abrazar y enervar por este amor que se nos desborda, honrémoslo, pero también honremos a nuestros muertos, hagámosles justicia.

Tania Tagle


Pasan los días. Se juntan escombros, manos, comida, historias, tragedias, esperanzas, medicinas, picos, palas, lágrimas, sonrisas, miradas. Aquí estamos bien. Plantados en la tierra. México ha demostrado su capacidad de recuperación, que por todo lo malo, somos mucho mejores. Somos un pueblo que ha reconstruido un país una y otra vez. Guerras, inundaciones, pandemias, hambre, terremotos.

Somos un país desgraciado que planta batalla. Somos jóvenes sin etiquetas que no duermen en 48 horas por estar juntando, ayudando, que no siente más los brazos por estar cargando cubetas, cascajo. Somos soldados que derraman lágrimas de impotencia. Somos miradas de perplejidad. Somos los que cantamos en una victoria. Somos mujeres que a la par de ellos cargan, llevan, consuelan, cocinan, abrazan, construyen. Somos un ser generoso sin edad ni género que lucha por la vida. Somos vida.

Hay quienes no han dejado de informar día y noche, de pedir ayuda. Noche y día convocan, enlistan, enumeran, encuentran, enseñan, que manejan, que surcan calle en bicicletas y motos, que donan sangre. La comida hoy sobra, el agua inunda. Las botellas construyen. Aparecen héroes anónimos haciendo donaciones increíbles. Los ausentes, más ausentes y aquí estamos, aquí seguimos.

Aquel que no quiere hacer su cama nunca no ha descansado en cinco días. Yo no conocía a mis hijos. No sabía la capacidad que tienen de ser generosos de dar aquello que tienen, tiempo, esfuerzo, ganas. Han logrado en una semana tornar una tragedia en esperanza. No hay nada que se venga encima a estos jóvenes que no puedan superar.

Creo que es hora de respirar. Tomar un paso atrás y mirar. Hasta hoy veo atisbos de humor, tan necesario para nosotros. Ya nos estamos burlando un poco y creo que es bueno. Volver a la normalidad, ¿qué es la normalidad? Lo que sí quiero que regrese es la cotidianidad esa de la que reniego a diario. De trabajo pendiente, de recoger familia, de ser familia. Quiero sobretodo que regrese la certeza. A la normalidad no puedo regresar, no, si no duermo bien, si no puedo estar en un lugar demasiado encerrado. Si necesito tener a la vista una salida y estar al ras del suelo. Pero sé que al menos yo puedo volver a la normalidad.

Pero sí me reconforta no sentirme sola, el mundo nos ha abrazado, los vecinos han corrido a socorrer, la gente, mi gente está conmigo.

Anitzel Diaz


Corte a la sexta noche: al día aproximadamente 30 conversaciones por messenger y 25 por What’s, 1200 solicitudes de amistad, aceptadas 112 (para que no se colapsen la compu y su servidora), ¿100 post por día? (ya perdí la cuenta), he hablado y enlazado a Juan con Lupita, Ceci con Alan, Miguel con Paco…, a los que nunca he visto pero nos tratamos como si nos conociéramos de toda la vida. Me arden los ojos, me duele la espalda. Nunca había visto tantas fotos de perros, muy pocos gatos. Me enterado de nombres de pueblos y colonias en todo el país. A la cuarta noche empezó a oler mal la casa, busqué si dejé algo fuera del refri: era yo que no me había bañado. He aprendido que existen las sierras, mototrozadoras, líneas de vida, martillos, clavos del 1′ y 6′, mazos… Que la insulina debe estar en hielo o refrigerada. Tengo como 80 nuevos números celulares apuntados. He difundido desde limpiezas dentales, rifas, tatuajes de Frida, conciertos hasta tiradas de Tarot gratis a cambio de despensas. No he podido llorar. No olvido que nos faltan 43, 30 mil desaparecidos de nuestra pasada “normalidad”. Necesito un abrazo. Buenas noches/Buenos días.

Enzia Verduchi


“Cada vez que se mueve la hoja de la planta con el viento o percibo algún movimiento extraño, mi mente enloquece de terror pensado que ha vuelto a temblar.

Antier intentaba dormir y recibí dos mensajes de amigas llorando, invadidas de miedo, e incapaces también de dormir.
Tengo dos amigos que han perdido sus casas.

No paran de pasar ambulancias.

En las calles veo gente terriblemente cansada, haciendo relevos para cuidar los víveres y los ya-no-lugares, de la intervención militar.

El día de hoy varias oficinas y escuelas abrieron, para que “las cosas vuelvan a la normalidad”.

Después de estar convencida firmemente de que moriría, y arrastrarme a gatas por el piso hasta el marco de la puerta, nada para mi volverá a ser normal.

Después de saber que han quedado trabajadoras indocumentadas en el sótano de una fábrica nacional, que hizo hasta lo imposible por no entregar registros de nombres, y en cambio prefirió llamar a los cuerpos policiales y cantar el himno nacional… nada volverá a ser normal.

Después de observar escuelas, casas y negocios derrumbados; y saber que aún ayer se siguen cayendo espacios, nada volverá a ser normal.

Después de escuchar testimonios de violencia de género en el medio de una crisis nacional, y confirmar que los derechos de las mujeres siguen siendo la última prioridad, nada volverá a ser normal.

Después de ver la enorme cantidad de recursos mediáticos, puestos a favor de una historia ficticia, por parte de Televisa, suplico porque nada vuelva a ser normal.

Esta tristeza y miedo colectivo se respira y se transpira. Y sabemos que nada volverá a ser normal.”

Chantal Aguilar


“En estos días, he vivido en carne propia todo aquello que se nos contaba sobre el terremoto de 1985: la gente unida, ayudando, de pie y sacando a México adelante.

Nunca había visto a tanta gente trabajando junta, como equipo, organizada. Hay un boom de solidaridad, empatía y buenas intenciones que pensé que ya no eramos capaces de sentir. No me imaginaba a mis compañeros armando una línea de producción para armar despensas y botiquines; a mis amigos como brigadistas; a mis contemporáneos dejando de lado las redes sociales para ayudar.

Y es que (aunque soy unos años más chica) pertenezco a esa generación que se ha catalogado como Millenials: los que no vivimos el sismo del 85 o eran muy pequeños para entender lo que pasaba, los que hemos sido criticados por estar siempre demasiados ensimismados, por ser egocéntricos, individualistas y competitivos. En estos días, he visto lo contrario.

Los jovenes, los millenials, están en la calle, recogiendo escombros, reconstruyendo casas, organizando brigadas rescatistas, armando centros de acopio, llevando víveres, ayudando… Pero, ¿será que los hacemos solo por que es tiempo de contingencia y que dejaremos de hacerlo en unas semanas? ¿Por subir una foto de nuestra ayuda a Snapchat, Instagram o Twitter?

Yo creo que no. Porque aunque es cierto que somos una generación que se enfoca (o enfocaba, espero) en lo individual y en la competencia, una generación que no sabe como trabajar en equipo, que no creía en el poder de hacer las cosas en conjunto, hoy nos hemos demostrado lo contrario. Y digo “nos” porque hemos sido nosotros mismos los que nos hemos hecho frente y que parados en una cadena humana mientras organizamos brigadas nos hemos dado cuenta que trabajando en equipo llegaremos más lejos.

Yo no pierdo la esperanza, sé que en nosotros está el cambio. Y lo ha estado desde hace mucho tiempo. Solo no nos habíamos dado cuenta de que emprendiendo proyectos individuales, por más buenos que sean, no van a sobresalir ni producir el cambio que esperamos. A menos de que los hagamos en equipo. Yo tengo la certeza de que ya nos cayó el veinte. Por eso, me atrevó a reformular el tweet del filósofo Fernando Belauzarán: “Los jovenes han tomado la CDMX, espero que ya no la suelten”, ¡y no vamos a soltarla! Nosotros queremos ver ese cambio, y ya encontramos la manera de lograrlo.

¡Fuerza México, estamos contigo!”

Daniela Bugeda


Escribo estas pocas líneas sobre todo para aquellos – amigos, amigas, conocidos – que, en Italia, han demostrado preocupación sincera por mí y por mi familia, en estos días terribles en los que mi nueva tierra, ciudad de México, ha sido molesta por Un terrible terremoto.
Estamos bien, aunque la tierra sigue temblando y a pesar de ayer la alarma renovado ha vuelto a molesto nuestra vida cotidiana.
Qué puedo decirles? Tal vez se duerme poco y que en 5 noches no hemos dormido ni una.
Es difícil dormir cuando sientes que puede volver a temblar todo, y ni siquiera quieres desvestirte por miedo a no hacer tiempo para bajar las escaleras y salir por la calle, si esa alarma obscena vuelve a tocar; es difícil cerrar los ojos y no volver a ver las Caras sonrientes de esos amigos que ya no hay más, esas personas normales como tú que sabían bromear, amaban el buen vino y coleccionaban novelas de salgari… no pudimos sacarlos de debajo de los escombros de su laboratorio, Carlos y José Carlos , padre e hijo abrazados como para protegerse el uno al otro, no hemos podido o sabido extraerlos vivos desde debajo de esa montaña polvorienta de piedras y piedras, nos quedan solo sus cuerpos…
Así que es difícil dormir. Cómo cerrar los ojos sin ver la cara, sonriente y surcado por el tiempo, de lorna, compañera de tantas aventuras intelectuales? Ella también se quedó debajo de los escombros del edificio donde vivía y donde, docenas de veces, la había acompañado antes de bajar a Coyoacán.
No, dormir no es fácil, porque cada vez que el sueño intenta llevarte lejos, hay un recuerdo indeleble de un terremoto que hace saltar la tierra con todo lo que hay arriba que te trae de vuelta; te devuelve a esos momentos interminables, Sin celular, corriendo hacia la escuela de tus hijos; te parece estar otra vez ahí, mientras pides noticias, en medio de tantos otros como tú que se son, con un nudo en la garganta, a las puertas de ese instituto que seguramente ha como Todo lo que hay en la tierra. Te parece que esa carrera que te trae de vuelta a casa, sin saber si tu compañera de vida todavía está ahí esperándote, nunca termine….
Y tú sabes que no es una exageración, porque hay niños muertos bajo los escombros de su propia escuela, y hombres y mujeres que, en poco más de un minuto, han perdido para siempre a la persona que aman.
Y por eso no duermes. Por eso no puedo dormir.
Pero estamos bien. Estamos vivos.
Gracias a todos los que me han escrito, buscado, llamado…
Todavía estamos aquí y es hermoso.

Paolo Pagliai


Bendito Dios que existen los mugrositos hipsters de la Roma y la condesa, esos que se los hacen tarugos y pagan carísimo por un tamal Gourmet. Varios de ellos están incansablemente en las carpas del parque Mexico y parque España.
Bendito Dios que existen los mariguanitos de la roma que quien sabe en que trabajan, todos fachosos y tatuados. Son ellos los que te están dejando dormir o bañarte en sus casas.
Bendito Dios que existen los nacos albañiles que cada que pasas te chiflan. Son ellos los que están (entro otros ) rompiendo placas de cemento para sacar gente.
Bendito Dios que existen los chavitos estudiantes fresitas que papi paga todo. Son ellos los que están ayudando, creando ideas o abriendo centros de acopio.
Bendito Dios que existen los médicos que cobran carísimo y solo quieren operarte. Son ellos los que están atendiendo gente y operando sin cobrar.
Bendito Dios que existen los arquitectos e ingenieros que cobran carísimo ! Son ellos los que están evaluando inmuebles sin cobrar.
Bendito Dios que existen las amas de casa que están de fodongas todo el día. Son ellas las que están cocinando, armando paquetes con ropa y juguetes para los damnificados.
Bendito Dios que existen los federales que son unos rateros y solo te piden mordida en las autopistas. Son ellos los que se están metiendo entre los escombros a sacar gente.
Bendito Dios que existen los restaurantes de la Roma y condesa que vas y pagas unos cuentononones. Son ellos los que están dando comida gratis, dejándote entrar al baño o cargando tu celular.
Bendito Dios que existen los crosfiteros que son unos albañiles que ni deporte es el crossfit. Son ellos los que están cargando garrafones, haciendo relevos en la noche y yendo a los pueblos a dejar ayuda.
Bendito Dios que existen los ciclistas que nada más estorban o los motociclistas que manejan súper mal y luego que por qué los atropellan. Son ellos los que han estado moviendo ayuda de lugar en lugar.
Bendito Dios que existen los amantes de los perros, que están locos, mejor deberían tener hijos. Son ellos los que están resguardando mascotas extraviadas, buscando comida y a sus dueño.

Y así, podría continuar ….
Entendiste ? Yo si ….
Si alguno de estos pensamientos te pasó alguna vez por la cabeza, hay que cambiar y me incluyo !

El respeto se gana… y se lo han ganado !

Somos más los buenos… ❤❤❤❤

(Si saben quién escribió esto por favor manden el nombre, contacto@apapachogallery.com)


Hola ma, soy Nicole. Te debo una disculpa. Varias… en realidad.

Perdón por todas las veces que dije que eras una exagerada. Perdón por todas las veces que no te creí. Perdón por todas las veces que llegué 15, 20, hasta 40 minutos tarde. Perdón porque dije que eras una loca a tus espaldas. Perdón porque no entendía. Perdón por no contestar llamadas, mensajes, perdón por no tomarte en serio y reportarme cada hora. Perdón por burlarme de tus miedos. En serio lo siento. Perdón porque nunca pensé que un temblor tirara edificios y enterrara a tanta gente bajo escombros, perdón porque te veía como una extraña cada vez que llorabas o te quedabas sin aire cuando sonaba la alerta sísmica. Perdón porque nunca entendí tu problema con Uber y los taxis, perdón porque no siempre te hice caso y no siempre me encargué de no regresar sola a la casa. Mamá, perdón. Perdón por quedarme dormida en Ubers, perdón por vivir pensando que podía salir un viernes a tomar y no iba a pasar nada, que si me asesinaban no me iban a echar la culpa. Perdón porque no confié en que eres mi mamá, en que llevas más años viviendo que yo, que llevas muchos más años aprendiendo, creciendo, sufriendo, amando, pensando y sobreviviendo que yo. Te admiro mamá. Te admiro porque siempre has cuidado y luchado por tu país. Porque nunca has dejado pasar desapercibido un feminicidio. Porque igual que en el 85 no has dormido esta semana por estar ayudando a México y a su gente. Perdón mamá porque me creí invencible, me creí inmortal. Sin embargo, han cambiado las cosas. Ahora entiendo por qué te duele el pecho cada vez que no contesto, cada vez que se hace tarde y no sabes dónde estoy. Ahora entiendo por qué cada vez que suena la alerta sísmica caen lágrimas de tus ojos temiendo que me encuentre de bajo de un edificio. Perdón ma, vivía en una burbuja en medio de un mundo que tú ya conocías, un mundo del que me querías proteger. Gracias mamá porque me cuidas, porque me quieres y te preocupas. Gracias mamá, porque me inspiras, porque eres una mexicana fuera de serie, porque en ti veo la fuerza que necesito para sobrevivir en este mundo. Gracias ma, por todo.

Te quiero. Mucho.

Nicole


Hoy caí en cuenta de que desde el martes he comido una vez al día, he dormido unas cuantas horas, me he bañado sólo dos veces, no he tomado agua, no he descansado, etcétera. Hoy también un mensajito privado y varios post de mi amada Ivelin Buenrostro, me hicieron recordar que el autocuidado es vital para seguir con las labores que estamos haciendo (la que cada quien ha elegido y puede hacer). Entonces, hoy desde esta nueva noche sin dormir, quiero decirles que les abrazo, les amo y que debemos en medio de todo esto, darnos espacio para el abrazo, el llanto, la sonrisa, el descanso… Para el autocuidado, pues; sólo así estaremos enteras para poder seguir apoyando y para lo que sigue, que todavía es muuuy largo. Así que vine a mandarles amorA, pedirles que se cuiden bonito en los ratos que puedan y a agradecer a Tania Tagle, Ki Ka Briones, Agua Salada, Katya Sofía Narro, Javier Raya y Franco Narro los momentos de abrazo y cariño que intercaladamente hemos podido darnos.
Pd. También agradezco a todas las que nos hemos sostenido en la distancia.

Zaria Abreu Flores


En mi edificio, hay grietas en las paredes
Diez pisos sesenta casas cientos de grietas
Gente que se va a dormir a otras casas
Pero diez pisos sesenta casas cientos de grietas pero que siguen en pie.

Hay grietas en otras casas otros edificios
45 grados de inclinación que dan hasta el piso
Gente que se va a dormir a otras casas
Porque si no se van, las casas se van a dormir sobre ellos.

Mi escuela está incrustada en roca volcánica.
Es un nido de subsuelo seguro, inmovible.
Sé que no se me cae encima el techo,
Pero no quita que se me haya caído encima el mundo.

Hay escuelas que no están incrustadas en nada.
Hay niños que murieron en un edificio que debería ser un espacio seguro.
Hay niñas que en vez de llenarse de conocimiento,
Se llenaron de polvo y se cubrieron de escombros.

Hay un país, en América del norte;
Tiene grietas en su geografía, reposado en tres placas tectónicas.
Tiene grietas en su economía, nadie sabe qué se gasta en qué.
Tiene grietas entre su gente, nadie parece ser tan iguales como en la Constitución.
Tiene sismos a cada rato y desaparecidos a cada rato y muertas a cada rato.

Pero también tiene indignados.
Tiene voluntarios.
Tiene gente queriente y pudiente que no se rinde.
Gente que las grietas no lo espantan.
Gente que los escombros no le pesan.
Gente que el cansancio no le gana.

Hay un México que siempre se levanta.
Hoy. Mañana.
Desde hace tres años.
Desde hace tres décadas.
Siempre.

#fuerzamexico #fuerzacdmx”

Mayte Rojo


Imagen portada De @alvaroverduzco para adquirir directamente con él | Lo que se recaude, se donará a los afectados por el terremoto. #fuerzamexico

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