#Relatosdeverano Estrellas para Juan

Juan yacía cabizbajo sobre la sillita de madera, a oscuras en un rincón. Danielito sabía que en la mañana, todos los duendes del jardín, las hadas de la fuente y la lechuza blanca de ojos brillantes que trae las estrellas, habían acudido ante Juan Tristón, pero ni las entusiastas coplas de sus camaradas bordaban una sonrisa en él, o lo hacían saltar como de costumbre sobre la cama de Danielito hasta caer rendidos del sueño. ¡Y qué lindo Juan cuando tenía sueño! Los ojillos ennegrecidos se tornaban tan pequeños que parecían desaparecer y perderse entre la felpa. Pero desde ayer Juan había permanecido en la sillita de madera, sin despertar.

El carro azul llegó en la tarde.

_ ¡Es el doctor para Juan!- dijo la mamá.

Aquel viejuco enjuto de anteojos avivaba tal temor en Danielito, que apenas pudo acercarse al tablero del bodegón a ver qué hacían a su amigo. De la valija, el malévolo doctor sacó tijeras, hilo a colores, agujas y un sinfín de horrorosos instrumentos de tortura. Danielito entonces se llenó de valor y enfrentó al infame, justo antes de que hiriese al indefenso Juan.

_ ¡Déjelo en paz! ¡No permitiré que le haga daño a mi mejor amigo!

Su carcajeo escandaloso y atormentador, como batallón de brujas sobre hienas, agitó el comedor. La huesuda mano sacudió a Juan con desprecio.

_ ¿Tu amigo? ¿Este muñeco? ¡Ay, niño! ¿No ves que ya estás grande para estas tonterías? Mira, mira.- decía mientras abría las heridas de Juan, dejando ver su interior blanco y suave.- ¡Es un muñeco sin vida! ¡Un montón de felpa y algodón con dos botones baratos en los ojos! ¡Mira cómo lo rompo en pedacitos! ¿Lo oyes gritar? ¡No! Claro que no, porque es una bola de peluche con boca mal cocida. ¡Ay! A ver si creces ya y dejas ese mundo de fantasía que no te va a servir para nada, porque la vida no es como en los cuentos, niño. El mundo es como tu muñeco, ¿ves?- dice mientras termina de descomponerlo- Mucha cruel realidad y poca bella mentira.

Danielito rompió en llanto y corrió donde su madre.

_ ¿Es cierto eso, mamá? ¿Juan es una bola de felpa?

A lo que la madre asintió.

Se forjó entonces un minuto de implacable silencio. El niño marchó como soldado hacia el vergel y nuevos ojos descubrieron la hierba seca, las macetas rasgadas, el musgo en los muros, las botas sucias, el árbol torcido, la fuente rota, el griterío en las calles, la gente riñendo, el veterano sapo con la hermosa princesa, el viejecillo sabio rogando monedas, los niños guerreando, Goliat en coche y David en bicicleta, el lobo servido y el leñador tiene tetas, el mundo sin magia, el cielo melancólico, la lluvia de décadas tristes que ahora cae sobre el señor Daniel.

_ ¡Papá, papá!- le dice el niño que carga un muñeco- ¡Pimpín no despierta! Mamá no me entiende. Dice que crezca y me olvide de jugar. El padre lo abraza.

_ ¡Ay, Juan! Ven conmigo, que con las hadas de la fuente curaremos a Pimpín. Y mañana a estudiar, que la blanca lechuza solo trae estrellas si los niños que pueden verla no se portan mal.

Gaviota. (Gabriela Mesa)
Ilustración http://www.ebsqart.com

No dejes de leer nuestros #Relatosdeverano