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Nicolas de Crécy. Bitácora mexicana en el MAM

En colaboración con la Embajada de Francia en México, el Instituto Francés de América Latina y la Fundación Louis Vuitton, el MAM ha recibido 65 acuarelas del ilustrador y escritor Nicolas de Crécy (1966), originalmente concebidas para ilustrar el volumen dedicado a México en la colección Travel Book, editada por la mencionada fundación.

Esta colección editorial suele convocar a artistas contemporáneos de distintos países a interpretar, a través del dibujo, la pintura, el collage, la ilustración, el cómic o el manga, sus visiones personales de los sitios visitados. El concepto de guía turística tradicional se renueva gracias a la dimensión aportada por creadores visuales de primer nivel en una de las prácticas más generalizadas a nivel global: el turismo cultural.

Las piezas de esta serie surgieron de una residencia de 45 días que realizó De Crécy en nuestro país a fines de 2014, donde recorrió diversas colonias de la Ciudad de México y urbes del Estado de México, Morelos, Oaxaca y Puebla.

Reconocido en el ámbito del cómic europeo, De Crécy ha trascendido las artes visuales por su dominio técnico y su vocación literaria, lo cual lo ha convertido en uno de los representantes más destacados de la llamada nueva novela gráfica francesa, término que define al género del cómic de fantasía apocalíptica.

El artista nacido en Lyon fue introducido en la creación de historietas por la Escuela de Bellas Artes de Angulema, aunque ya desde la secundaria, en Marsella, el entonces adolescente había estudiado artes aplicadas. En el terreno de la animación, trabajó a fines de los años ochenta para los estudios de Disney en Montreuil.

A partir de la década de los noventa, ha obtenido diversos premios internacionales por sus libros ilustrados. Entre sus historias más destacadas se encuentran Foligatto (1991), Bibendum céleste (1994-2001) y Journal d’un fantôme (2007).

Asimismo, ha expuesto en galerías europeas y mexicanas, además de un libro ilustrado (Période glaciaire, 2005) a solicitud del Museo del Louvre. Posteriormente, su trabajo desembocó en la ilustración de libros de viaje.

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Su trazo minucioso y la fluidez expresiva de su narrativa dotan de autonomía las escenas de los lugares visitados como rescates bidimensionales de sitios reelaborados desde la óptica del otro, del forastero que entresaca de lo cotidiano detalles que, para los locales, podrían pasar por ruido visual o por un escenario más en su andar.

Gracias al talento de Nicolas de Crécy, estas imágenes de paisajes urbanos y campestres adquieren el valor de revelación y, con ello, se inscriben en la larga tradición de la obra de artistas viajeros que ha enriquecido considerablemente la plástica mexicana desde el siglo XIX.

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Ser creativo y, a la vez, estar en comunión con uno mismo, no debe ser fácil. Tener que controlar el trazo, hacerlo simple pero directo, consiguiendo llegar a ese punto en el que cobra tal fuerza que consiga que no se deshaga a los ojos del autor, en el momento de su creación, tiene que ser algo realmente complicado.

Nicolas de Crécy es sin duda un autor personal. Su obra siempre ha tenido ese punto tan particular de contarnos las cosas, de introducirse a los ojos del lector, desde una vertiente a medio camino entre lo real y lo irreal, intentando que esa especie de parto tan difícil de llevar a cabo no sea impedimento para podernos expresar de una forma tangible, todas sus ideas y experiencias. Se nos revela como alguien al que no le gusta la manipulación, ni los bonitos discursos, alguien que no consiente sufrir ataduras que resientan su obra de alguna forma.

Crécy en el cómic
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