Navidad en Cuba

18 de enero de 1999 Navidad en Cuba Omar Márquez Mercerón Fidel Castro La “primera Navidad oficial” no fue nada del otro mundo. Supongo que para la mayoría de los cubanos haya sido lo mismo que para mí, un día libre más. La Navidad dejó de ser un día feriado en Cuba a inicios de los […]

18 de enero de 1999

Navidad en Cuba

Omar Márquez Mercerón

Fidel Castro La “primera Navidad oficial” no fue nada del otro mundo. Supongo que para la mayoría de los cubanos haya sido lo mismo que para mí, un día libre más.

La Navidad dejó de ser un día feriado en Cuba a inicios de los 70 por razones económicas, se trataba de producir una cifra record de azúcar para sacar adelante la economía del país, y se pensó que no se podía perder ni un día en medio de ese esfuerzo. Luego, el empeoramiento de las relaciones del gobierno con la Iglesia impidieron que ésta volviera a pedir la liberación de ese día, hasta que desde hace un par de años, a raíz de la visita de Fidel a Roma primero, y del Papa a Cuba después, se diera el marco apropiado para el gesto de cortesía del gobierno cubano hacia la Iglesia católica.

Desde chico solía escuchar, a fines de diciembre, “esta es noche buena”, “este día es tal otra cosa”, y recuerdo que la familia se reunía y había platos especialmente preparados, pero no había más connotación que la de una tradicional reunión familiar. Yo crecí en un ambiente familiar en el que se mezclaba el sincretismo afrocatólico con el ateísmo marxista. Recuerdo haber oído hablar de Reyes Magos y de oriente si acaso dos o tres veces, y de Santa Claus ninguna. La educación que recibí en la escuela terminó de hacerme ateo y descreído; supongo que el 80% de los cubanos de mi edad tengan en ese sentido la misma historia.

En cuanto al otro 20% procedente de ambientes católicos, ellos han celebrado y observado la Navidad de una forma o de otra toda su vida, aun sin la aprobación, ni la persecución, oficial. Esta Navidad fue para ellos un día en el que no tuvieron ausencia injustificada a sus trabajos, porque fue feriado. Nada de victoria política ni de paso en un sentido u otro, tan sólo un retorno a “la normalidad”. Y la Iglesia Católica, si bien acá no se la puede calificar de oposición ni de fuerza beligerante, sí han sido al menos un grupo contestatario.

En fin, para unos un día libre más, para otros retorno a la normalidad. Una cosa que debe notarse es que oficialmente no es un día para celebraciones de carácter religioso, es simplemente un día feriado en el que tradicionalmente la familia cubana trata de estar junta, no más que eso.

La mayoría de mis amigos tomaron esa noche como ensayo o preparación de la fiesta del 31 de diciembre. Esa sí la celebramos todos. Hubo mucha más gente alegre y fiestando y mujeres arrojando agua a las puertas de las casas (para la buena suerte) que hace un año. Personalmente no estuve fiestando, fui al cine y paseé por las calles, igual que el año pasado, así que puedo comparar. Y si me preguntaran acerca de qué tal fue el 31 de diciembre de 1998 en La Habana, respondería que fue mucho más alegre y optimista que el anterior.

 


diciembre 15, 2015

¿Hay Navidades en Cuba?

León Padrón Azcuy
Muchos conservan adornos de mediados del siglo pasado, otros conservan solo esperanza

La Navidad siempre fue una tradición enraizada en Cuba, se interrumpió durante casi cuarenta años con la Revolución comunista y resurgió a partir de 1998 con la visita del Papa Juan Pablo II, quien obtuvo el día feriado para el 25 de diciembre. Pero la tolerancia hacia la religión no se hizo evidente hasta el 2010, cuando Raúl Castro entabló un diálogo con los obispos cubanos, restituyendo a la Iglesia los inmuebles confiscados en los años 60 y permitiendo que se difundieran exiguos mensajes navideños por televisión, algo impensable con su hermano en el poder.

Y si bien desde entonces algunas figuras de la Iglesia Católica, entre los que se encuentra el Cardenal Jaime Ortega, han reconocido que la Navidad ha recuperado terreno en la Isla, otros añoran el restablecimiento de las festividades por el nacimiento de Jesús y del Nuevo Año, tal como se realizaba antes de 1959.

El matrimonio de Antonio y Mercedes, casados cerca de 60 años, se caracteriza por ser ambos fervientes católicos y siempre celebran el nacimiento de Jesús, pues conservan un pesebre y otros adornos navideños heredados de los padres. “Antiguamente las navidades en Cuba sí eran fiestas alegres, verdaderas reuniones fami­liares, con inter­cambios de regalos y el envío de postales de felicita­ción, y donde­quiera resaltaban los arbolitos decorados, y se escu­chaban villancicos, y los paladares disfrutaban del despliegue de la gastronomía navi­deña. Pero ahora el cubano lo que trata es de so­brevivir en tan seña­la­das fechas. Y, como dicen en la calle, todos se las ingenian metiendo cabeza por aquí y por allá, ven­diendo cualquier cosa, luchando el peso, o esperando alguna remesa, para pasarla lo mejorcito que se pueda”, dice Antonio.

Sandalia Fer­nán­dez, de 70 años y residente en Casilda, una zona margi­nal del Vedado, rememora con tristeza sobre los tiempos de su infancia: “Aquellos pavos y puercos asados y las masas de freír, los variados tu­rrones, las avellanas y nueces, los vinos, las cidras, las manzanas y uvas que an­tes del año 59 se veían sobre la mesa en cualquier hogar humilde los días 24, 25 y 31 de diciembre, han desaparecido. Hoy no persiste aquel entusiasmo, aquella alegría conta­giosa, aque­lla sensación de felicidad fa­miliar. Y hasta los ha­bituales ador­nos navideños, que una vez nos deleitaron, ahora bri­llan por su ausencia”.

También Yadiel Cuesta, enfermero, expresó: “Mi padre tenía seis años cuando Fidel llegó al poder, y me contaba que entonces ense­guida em­pezó la propaganda comunista para borrar las tradi­ciones de Noche­buena, la de Los Reyes Magos, y todo lo que oliera a Navidad”.

Otros entrevistados coincidieron en afirmar que en esa época se guar­daron los arbolitos navide­ños, porque según los comunistas eran costumbres burgue­sas, un invento de los curas y de los imperialistas yanquis, en fin, diver­sio­nismo ideológico. Y en caso de desobedecer las orien­taciones revolucionarias, surgía una vil de­nuncia hecha por alguien del barrio a los tribunales populares. “Te fichaban por desafecto o gusano, podías ir a pri­sión, perder tu em­pleo, y como castigo te man­daban a trabajar en la agri­cultura”.

Javier Sánchez, es­pecialista en estudios bíbli­cos, co­mentó: “Desde la década del 80 hubo cierta mejoría en las relaciones entre el Vaticano y el gobierno comunista (recordemos que Fidel Castro fue recibido en 1996 por el Papa Juan Pablo II, y éste visitó Cuba en enero de 1998,), pero las celebraciones de las navidades permanecieron ocultas. Actualmente, nada de cena como Dios manda y la mayoría de las iglesias, tanto católi­cas como pro­testantes, sólo exhi­ben aquellos adornos navi­deños conservados para celebrar el nacimiento de Jesús, porque si hay que comprarlos cuesta hoy el ojo de la cara”.

Julito, pastor de la iglesia evangélica “Las Buenas Nuevas”, ubicada en 26 y 17 en el Vedado, explicó: “Todos sabemos la imposibilidad de celebrar Las Navi­dades como merece Nuestro Señor, y que en la Cuba actual ninguna iglesia es capaz de cues­tio­nar a las autoridades comunistas por la situación de mise­ria que viven los cubanos de a pie, quienes optan por aceptar su desventura como la voluntad de Dios”.

Finalmente Alfredo Hernández, un vendedor de helados, me contó que mientras esperaba en la parada de guaguas, frente a la entrada de la Terminal de Ómnibus Nacionales, se acercó a oír a un anciano que conversaba en so­litario cuando recogía laticas de aluminio por los alre­dedores para venderlas como material reci­clable. “El hombre, al darse cuenta que lo estaba ob­servando, y que yo sostenía en la mano un arbolito, se dirigió a mí: “Mire, señor, se puede decir que hablar de celebrar a plenitud las Na­vidades y la llegada del Año Nuevo, es un triste engaño, desde la instauración en Cuba de este ré­gimen”. Luego, haciendo una pausa para aplastar con la bota una lata contra el piso, añadió: “¡Qué caro resulta hoy habilitar una cena normal para festejar estos aconteci­mientos especiales! Y ni qué decir sobre los altos precios de los ador­nos navideños en las tiendas recauda­doras de di­visas”. Y continuó: “Mire, este abrigo lo conseguí en la iglesia. Yo vivo hace diez años en la carretera”.

El viejo sacó una caneca de ron, se dio un trago, y viró la es­palda.

Sus lúci­das palabras, dichas por alguien que parecía sin dudas un loco vagabundo, se grabaron en mi mente, y repetí: ¿Hay Navi­dades en Cuba?