#Mujeresenelarte La maternidad y la luz de Gertrude Käsebier

Miguel Hernández “La clave para la fotografía artistica es explotar los pensamientos propios, por uno mismo, la imitación lleva al desastre”. Gertrude Käsebier   Gertrude Käsebier (1852–1934) fue una de las primeras mujeres americanas en tener una exitosa carrera como fotógrafa, y una de las primeras en centrarse en el tema de la familia, contribuyendo […]

Miguel Hernández

“La clave para la fotografía artistica es explotar los pensamientos propios, por uno mismo, la imitación lleva al desastre”. Gertrude Käsebier

 

Gertrude Käsebier (1852–1934) fue una de las primeras mujeres americanas en tener una exitosa carrera como fotógrafa, y una de las primeras en centrarse en el tema de la familia, contribuyendo a dar forma a la manera en como nos retratamos hoy. Su trabajo, reconocido por sus evocadores retratos centrados, abrió las puertas a la consideración de la fotografía como una respetable carrera profesional para las mujeres. En sus fotografías, es posible observar la influencia de la pintura tanto en sus temas como en el tratamiento dados a las imágenes, en las cuales el encuadre, la composición y el ritmo son cuidadosamente planificados.

 

Interesada en las artes visuales desde pequeña, en 1888 comienza a asistir a una escuela de arte en Nueva York, con la intención de hacerse pintora de retratos. También estudió pintura en París, pero en 1893 descubrió la fotografía y pronto se dedicó a retratar únicamente con la cámara. Su trabajo como retratista obtuvo rápido reconocimiento y en 1898 se le dedicó una exposición en el New Yorker Camera Club. En 1902 fue convocada por Alfred Stieglitz a formar parte del exclusivo grupo de artistas fotógrafos Photo-Secession, organización que promovió el pictorialismo y contribuyó a convertir la fotografía en un medio más de expresión artística.

 

La obra de Gertrude Käsebier es un reflejo de su proceso de vida. Aunque uno de sus temas más recurrentes es de el de maternidad, donde familia y amigos posan para ella, a medida que ella se va emancipando empieza a ampliar su mirada hacia el exterior. Junto con sus íntimas y conmovedoras imágenes de la maternidad, sus fotografías más conocidas son las que realizó a los Sioux, por la forma respetuosa y dignificada con las que los mostró como sujetos y consiguió celebrar y reivindicar su cultura, su belleza propia y su olvidado lugar en la sociedad americana.

 

Al mismo tiempo que sus retratos son elaborados, hay una búsqueda por la simplicidad, los escenarios no son sofisticados, las poses no son teatralizadas y la iluminación es la más natural posible proveniente de una ventana o de una puerta abierta. Sus retratos son impresionantes. En los interiores de sus habitaciones, madres e hijos se encuentran, la maternidad es revelada con la delicadeza de los medios tonos. A partir de esas imágenes es posible comprender la tarea-renuncia de las mujeres artistas que al mismo tiempo son madres y esposas, pues en ellas se observa la capacidad de extraer de las actividades de lo cotidiano los detalles y sutilezas de la composición de las formas reveladas por la luz, lo cotidiano es su inspiración, sin embargo, la fotografía es su profesión, revelando las cualidades ocultas de lo que se dice normal.

 

Su trabajo fue descrito como “no siempre bonito o agradable, pero siempre honesto”, y representó un cierto desplazamiento del pictorialismo, un estilo que, aunque reivindicaba la fotografía como un medio artístico individual y no pretendía imitar a otras disciplinas como la pintura, sí tenía una concepción de este arte muy idealista y buscaba lo trascendental. Rompió sus vínculos con Stieglitz a causa de su defensa de la fotografía pictórica frente a la naturalista, y, en 1916, con otros fotógrafos pictóricos comprometidos, fundó la Pictorial Photographers of America.

 

Fue, una gran impulsora para las jóvenes fotógrafas, a las que incentivaba a interesarse en en esta disciplina artística y profesión fuera del ámbito tradicional de la familia y el hogar al que estaban limitadas las mujeres de su época. Se negó siempre a modificar su estilo y continuó haciendo fotografías candorosas y pictóricas. Gertrude Käsebier falleció a la edad de 82 años, dejando una huella innegable en la historia de la fotografía tanto como mujer fotógrafa como artista.

 

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